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La leyenda de Sant Jordi (versión políticamente correcta)

La leyenda de Sant Jordi (versión políticamente correcta)

Versión políticamente correcta de la leyenda de Sant Jordi y el Dragón, con sensibilidad en contra del poder absolutista de los reyes, el maltrato animal, la cosificación de las mujeres, la guillotinació de las flores (que también son seres vivos) y la injusta obligación de que los hipsters deban llevar barba:

La leyenda de Sant Jordi y el Dragón (versión políticamente correcta)

Érase una vez, hace muchísimos años, cuando la mayoría de las cosas del cielo y de la tierra como los bosques o las alimañas aún eran nuevas por estrenar, había un pequeño reino perdido entre las montañas de Cataluña que tenía un Rey que lo protegía y un Dragón que la asolaba.

Retrato de una dama, probablemente Cleodolinda, de Paolo Ucello

Retrato de una dama, probablemente la princesa Cleodolinda , de Paolo Ucello (1450).

El Rey era un rey democrático, y por eso a pesar de que tenía el poder absoluto también lo compartía con los ciudadanos del reino, que proclamaron una República Monárquica y disponían de todas las instituciones democráticas como un gobierno, parlamento, poder judicial, partidos políticos y prensa libre. El rey tenía sólo una hija, la heredera del Reino, Cleodolinda.

El dragón, en cambio, no era nada democrático. Poseía las facultades de caminar, volar y nadar, podía sacar chispas por la boca, las orejas y el culo, y tenía el aliento apestoso, hasta el punto que desde muy lejos sus bocanadas envenenaban el aire, y producía la muerte de todos los que lo respiraban. Se comía los rebaños: ovejas, bueyes, caballos... y de vez en cuando también devoraba arrieros o dueños de mercería que cruzaban sólos por el bosque o a los cantautores que iban en busca de la inspiración.

el dragón era una bestia asesina y inmunda, pero ser vivo al fin y al cabo. Detalle del «Sant Jordi matando al dragón», tabla central del «Retablo de San Jorge» de Bernat Martorell (1437)

El dragón era una bestia asesina y inmunda, pero ser vivo al fin y al cabo. Detalle del «Sant Jordi matando al dragón», tabla central del «Retablo de San Jorge» de Bernat Martorell (1437).

El reino envió emisarios para negociar. Los emisarios expusieron ante el dragón un montón de argumentos: «comerse a la gente viva no está nada bien, es contrario a las leyes y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y no es nada democrático», le dijeron, pero el dragón era tan poderoso como descreído de la democracia, y se les zampó a todos.

Algunos ciudadanos, algo atribulados, dijeron que había que matar a aquella bestia asesina, pero el Partido Animalista puso el grito en el cielo. La Ley de Defensa de los Animales lo impedía: el Dragón era una especie protegida y en peligro de extinción, y no sería nada democrático matarlo.

Vista esta disertación, el Parlamento determinó que había que sortear personas para calmar el apetito de la bestia, y el Rey lo aceptó con la condición de que se incluyeran todos los nombres de los habitantes del reino en la olla, también los de su familia ... y de la olla salió el nombre de la Princesa, Cleodolinda. Muchos ciudadanos se ofrecieron para sacrificarse en su lugar, pero el Rey y la Princesa eran súper democráticos y no quisieron cambiarles su triste destino. La princesa se fue a la cueva del Dragón, en medio del bosque, vestida de blanco y de rosa, para ser devorada. Y el Rey y todos los ciudadanos del reino, viéndola partir desde el castillo, lloraban sin cesar.

Sant Jordi era un hipster sin barba, pero con una melena que enamoraba. Icono de Sant Jordi (siglo XIV), proveniente de un obrador de Constantinopla. Atenas: Museo Cristiano y Bizantino.

Sant Jordi era un hipster sin barba, pero con una melena que enamoraba. Icono de Sant Jordi (siglo XIV), proveniente de un obrador de Constantinopla. Atenas: Museo Cristiano y Bizantino.

Pero de repente apareció un joven caballero, armado de pies a cabeza, que era forastero y no conocía cómo funcionaban las cosas en las democracias. El caballero se llamaba Sant Jordi y montaba un caballo blanco como la nieve de los Pirineos o más allá. Era hipster pero no llevaba barba (entonces los hipsters no llevaban barba), y le rodeaba una melena de latin lover que enamoraba

Detalle del icono de Sant Jordi matando al dragón. Reggio de Calabria: iglesia de Sant Jordi Mártir.

Detalle del icono de Sant Jordi matando al dragón. Reggio de Calabria: iglesia de Sant Jordi Mártir.

Sant Jordi embistió al Dragón con la espada, el hacha y la lanza y lo dejó medio muerto, confundido y rendido. Sant Jordi ató al Dragón con el cordón de cintura de la Princesa, dejándolo amansado, hasta el punto de que le seguía como una oveja. Entonces el dragón pidió clemencia, pero como el caballero no conocía cómo funciona la democracia lo remató de un tajo, diciendo con gallardía: "Muere maldita alimaña!".

De este modo Sant Jordi salvó a la Princesa. En el lugar donde cayó el Dragón quedó un gran charco de sangre. Del charco nació un rosal de rosas rojas. Y del rosal una rosa, la más roja y la más hermosa de todas las rosas que había habido hasta entonces. San Jordi la quiso cosechar para ofrecerla a la Princesa, pero Cleodolinda le dijo que no: «las rosas también son seres vivos, y no está bien cosecharlas», argumentó la Princesa. «Hay que amarlas encima de sus tallos».

Además, algunos ciudadanos argumentaron que regalar una rosa a una dama implicaba una cosificación de la mujer y, por tanto, un acto evidente de micromachismo. Por otra parte, otros ciudadanos dijeron que la vida ya tenía bastante tormentos como para que además fuera necesario perseguir incluso una pequeña galantería como aquella, más aún después de haber hecho una hazaña insigne como aquella. Finalmente hicieron dos asambleas territoriales a mano alzada, tres consultas no referendarias, cinco procesos de consulta ciudadana y un referéndum vinculante, y salió que la mayoría quería instaurar aquella nueva tradición, puesto que pensaron que el hecho de que un caballero regalara una rosa a una princesa sería una tradición vintage y muy cuqui.

Entonces Sant Jordi usó su teléfono móvil (uno muy antiguo, pero que ya tenía acceso a Internet) para buscar una joyera en Google que pudiera hacerle unas rosas de San Jorge, pero que no fueran de materia viva, sino de un metal precioso como la plata. Pidió tres presupuestos, y la joyera que le ofreció la mejor calidad y el precio más atractivo (con IVA incluido y además con packaging exclusivo incluido y envío gratis) fue MeriTomasa:

Anillo Rosas de Sant Jordi
Anillo Rosas de Sant Jordi
: anillos ajustables y disponibles en 3 tamaños: rosa pequeña (6mm), media (10mm) o grande (16mm). Desde 40€

Pendientes Rosas de Sant Jordi
Pendientes Rosas de Sant Jordi
: con cierre de presión y disponibles en tamaño pequeño (6mm) o medio (10 mm). Desde 36€

Collar Rosas de Sant Jordi
Collar Rosas de Sant Jordi
: con cadena de plata de 45cm, con anilla para acortar a 42cm, y disponible en 3 medidas: rosa pequeña (6mm), mediana (10mm) o grande (16 mm). Desde 39€

Aguja Rosas de Sant Jordi
Aguja Rosas de Sant Jordi
: aguja de solapa, hilo y cierre de tapón a presión: todo en plata de ley. Rosa de 10mm. 35€

Pulsera poliéster Rosas de Sant Jordi
Pulsera poliéster Rosas de Sant Jordi
: con cordón de poliéster con largo ajustable gracias a los nudos de macramé. Rosa de 10mm. 34€

Pulsera Rosas de Sant Jordi
Pulsera Rosas de Sant Jordi
: pulsera rígida de plata oscurecida. Rosa de 10mm. 87€

Sant Jordi le regaló el conjunto completo a Cleodolinda, y todo el mundo quería que se juntaran o se casaran, incluso el rey, el Gobierno, el Parlamento, el poder judicial, los partidos políticos y la prensa, y sobre todo la princesa, que estaba muy enamorada y sentía un hondo ardor por acariciarle la melena de latin lover. Así fue, y tuvieron una larga retahila de hereus y pubillas, y desde entonces el 23 d’abril se celebra Sant Jordi en Cataluña, y cada caballero regala una rosa a su princesa.

Propiedades mágicas de las rosas de Sant Jordi

Aunque no está científicamente probado, hay varios autores que afirman que las rosas de plata de Sant Jordi de MeriTomasa tienen diversas propiedades mágicas:

  • La princesa que las recibe aumenta su belleza de manera repentina. Las rosas de Sant Jordi mejoran la hermosura de la parte del cuerpo donde se lucen (las orejas, la muñeca, los dedos o el pecho) y también la buena planta en general de la princesa que las presume. Las revistas del corazón le piden hacerle un fotorreportaje tomando el té con las amigas.

  • El caballero que las regala también aumenta su belleza, especialmente en los atributos más caballerosos de la figura masculina. Si el caballero lleva bigote o barba, por ejemplo, se convierten en unos bigotes o una barba mucho más galantes a la vez que hipsters. Y si el caballero es calvo, ¡le sale melena!

  • El amor entre la princesa y el caballero se convierte en un amor indestructible y de leyenda. En Hollywood se inspiran para hacer una película, en Bollywood hacen un musical y en el Paralelo de Barcelona programan la versión teatral, que se convierte en el hit de la temporada.

  • Si el caballero y la princesa ya tienen hijos, crecen más hermosones. Si aún no los tienen, engendran uno en las próximas horas después de hacer el regalo de las rosas de Sant Jordi. Si aún no lo tienen y de momento no quieren tener, les toca la Grossa de Sant Jordi.

  • Las rosas de Sant Jordi también tienen propiedades curativas: curan todas las enfermedades del cuerpo y de la mente, te hacen más deportista, potencian el vigor sexual, sacan el mal de ojo y protegen de cualquier maldición hecha con magia negra.

Si publicas esta lista en tu Facebook, entre hoy y mañana encontrarás un billete de 50 euros en el suelo. Si la publicas en Twitter, en la próxima semana te subirán el sueldo en el trabajo y además te preguntarán si quieres hacer teletrabajo desde casa. Si lo envía a 15 amigos por WhatsApp, en el próximo año te adelgazarás 10 kilos sin hacer deporte ni dieta.

¿Dónde puedo comprar las rosas de Sant Jordi de MeriTomasa?

Encontrarás las rosas de Sant Jordi en la parada de MeriTomasa en el Passeig Pere III de Manresa, cada 23 de abril, y también puedes comprarlas ahora mismo por Internet, si tienes miedo de llegar y que ya se hayan terminado, o si las quieres recibir antes en casa, o si quieres que cualquier día pueda ser Sant Jordi.

6 Comentarios

    • Avatar
      Jordi
      mar 25, 2018

      Mai no hagués dit que tenia un sant patró tant i tant sexy! Demà mateix m'afaito la barba i em deixo melena, Meri!!

      • Avatar
        MeriTomasa
        mar 28, 2018

        Ben pensat, Jordi! Els cavallers Sant Jordis han de saber presumir de les seves virtuts per fer galanteries a les princeses. I no t'oblidis de les roses!

    • Avatar
      Lucas
      mar 27, 2018

      Estupenda versión de la historia, Meri, casi tanto como tus rosas de plata. Si consigo una princesa antes del 23 de abril te compro una de cada. ¡Prometido!

      • Avatar
        MeriTomasa
        mar 28, 2018

        Bien razonado, Lucas. Pero ten en cuenta que todo caballero tiene también varias princesas "de serie" como son sus hermanas y sobre todo su madre, que madre no hay más que una. ¡Palabra en la mesa, pesa!

    • Avatar
      Lorena
      abr 2, 2018

      Muy bonita la versión de la leyenda. Tus rosas en plata son más bonitas todavía: me encanta el detalle de que estén hechas una a una y que no haya dos iguales. Eres una ARTISTA!!!

      • Avatar
        MeriTomasa
        abr 3, 2018

        Gracias Lorena! Ahora no puedo porque si no mi gestora me riñe, pero cuando sea una ricachona y tenga piscina privada y salón de té recuerdame esos piropos y te hago un descuento VIP en tu próxima compra. Muá!

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